Los seres humanos nos olvidamos que hemos venido a la vida para recordar que somos de naturaleza perfecta.

Nos es fácil deslizarnos de un lado a otro de los extremos, yendo desde menospreciar la vida a vivirla a puro goce sin conciencia de nada más.

Pero el hecho de que estemos aquí, vivos, es una tremenda oportunidad para recuperar nuestra verdadera identidad, esa que es de naturaleza perfecta, divina o como le quieras llamar.

¿Quiere decir eso que tenemos que comportarnos como Santos? Claro que no. Ni mucho menos.

El hecho de que muchas personas sientan cierto «resquemor» a lo espiritual generalmente se debe a que ven con ojos religiosos, prohibitivos, algo que debería ser un motivo para celebrar.

Si cada día de nuestra vida intentasemos disfrutarlo con plena conciencia, siendo, creando y viviendo la vida que nuestro verdadero ser desea llevar…

Si pudiéramos vivir desde el amor, la gratitud, la alegría, la verdad

Si cada día nos arrobara el deseo de ser felices con quienes somos pudiendo compartir esa dicha con los demás…

… ese día dejaríamos de mal asociar lo espiritual con lo prohibitivo y empezaríamos a disfrutar la vida de verdad…

Quien cree que el verdadero gozo lo encuentra en los excesos, aún no ha encontrado la verdadera felicidad. Porque no hay nada que nos haga sentir más plenos que ser uno mismo y poder expandirnos cada día un poco más.

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