Si alguna vez has intentado descubrir tu vocación yendo a terapia psicológica, seguramente te has encontrado con el famoso test vocacional. Estos test se basan en los test de la personalidad, es decir, en pruebas que arrojan las principales características o rasgos de nuestro comportamiento como seres humanos. 

El test capta aquellos patrones que mayormente guían nuestra conducta y, a partir de allí, permite que se hagan deducciones respecto a qué actividades, oficios u ocupaciones mejor se adaptarán a «quienes somos».

En este punto la cuestión se vuelve interesante por dos motivos. El primero y quizás más profundo de resolver es el dilema de nuestra existencia…

¿quiénes somos realmente? 

Sea cual sea tu respuesta, si estás de acuerdo conmigo en que el Ser, tu esencia, es permanente mientras que la personalidad es transitoria, pasemos al segundo motivo…

un test basado en la personalidad no podría arrojarnos nunca un resultado definitivo.  

Supongamos que hoy pasas por un test y te da como resultado que eres una persona tímida. Sobre la base de esa valoración jamás se deduciría que eres alguien apto para hablar en público. Pero ¿qué pasaría si trabajaras para erradicar tu timidez? El resultado de la prueba evidentemente cambiaría, sin lugar a dudas.


El test puede ser muy efectivo para mostrarte cuál es el personaje que estás jugando, cuál es la máscara que te has puesto para salir al mundo, pero lejos está de decirte quien eres o lo que realmente eres capaz de hacer. 

Si permites que un test basado en una debilidad como la timidez -sentimiento de baja frecuencia-  guíe el curso de tu vida, tarde o temprano sentirás la necesidad de replantearte el camino, si lo que deseas es sentirte realizado. 

Entonces ¿Son malos los test? Para nada. No culpes al martillo solo porque alguien no lo sepa usar.  Simplemente ten cuidado de fiarte de ellos para tomar decisiones importantes.

Sé consciente que los test revelan tanto tus fortalezas como tus debilidades pero eres tú quien debe decidir sobre qué aspecto construirás tu vida. 

Si una debilidad te dice que hoy no eres apto para hacer tal cosa, antes de hacerle caso, sería bueno que te preguntaras ¿voy a ser así toda mi vida? o mejor aún ¿quiero ser así toda mi vida? 

Responde conscientemente esta pregunta y piensa cuánto más feliz serías si permitieras que tu corazón fuera quien guiara el rumbo de tus desiciones.

Si deseas profundizar sobre tu vocación o propósito de vida ¡ponte en contacto con nosotros!

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